Siempre nos hemos preguntado qué es el bien y qué es el mal, según lo moral, lo religioso y la justicia.
Bien-mal
Hoy, no sabemos lo que está bien, y lo que está mal; más porque en estos días, nuestras generaciones vivimos en lo que llamamos “Mente abierta”, y la sociedad día a día vive cambios, vive situaciones y acontecimientos que favorecen el pensamiento millennial de discrepar en lo que para unos concierne pueda ser el bien o pueda ser el mal, lo que antes no sucedía. En generaciones antiguas, todo estaba regido y establecido por principios morales muy marcados, muy rígidos, por lo cual no existía esta discordia y no se discutían temas tabúes, como hoy en día lo son la legalización de sustancias psicoactivas, eutanasia, aborto, entre otros temas que a nuestros días ya hacen parte del léxico básico para sostener una “diversa” conversación de actualidad.
Antes las cosas eran como eran y punto, no se discutía, por miedo a salirse del sistema, ya que esto tenía consecuencias, hoy día, las cosas cambiaron y el nuevo pensamiento de las nuevas generaciones, pone en duda todo lo que es y no es, es decir qué está bien y qué está mal, según las experiencias y viviencias, y no la moralidad o la verdad.
Verdad absoluta; de verdad?
Para nosotros, ¿qué es la verdad? ¿Es la misma verdad para ti y para mi? O lo entendemos más como un pensamiento y un conocimiento dogmático, simplemente impuesto por los lineamientos algo ancestrales de los conocedores de la materia y de los que se hacen llamar sabios por predicar unas cuántas palabras.
Es realmente esa la verdad, la que ellos nos dicen, o encontramos la verdad en nuestro pensamiento como individuo sabiendo que no hay ninguno igual, y que por esto existe el uso de la creatividad y el desarrollo diario de productos, ideas, y demás, que nos venden como novedosas, pero que bien o mal, muchas veces puedan ser inútiles, o sencillamente lo que necesitaba la humanidad para suplir alguna necesidad bien sea común o individual
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